Quienes visitan Ihwa Village suelen mirar primero los dibujos de las paredes, pero la historia de las casas que sostienen esos dibujos es más antigua. En 1958 se construyó en Naksan un conjunto de 104 viviendas nacionales. Después de la Guerra de Corea, Seúl padecía una grave falta de viviendas por el regreso de refugiados y la llegada de población desde otras regiones. El Gobierno y las instituciones públicas intentaron alojar a muchas familias mediante casas estandarizadas levantadas con materiales y presupuestos limitados.
Las viviendas nacionales de entonces eran distintas de los grandes complejos de apartamentos actuales
En aquella época, la vivienda nacional solía adoptar la forma de pequeñas casas independientes o edificios adosados. Las unidades se dispusieron densamente para adaptarse a las pendientes y al suelo escaso de Naksan, y los callejones y escaleras se convirtieron en rutas cotidianas. No supongas que los revestimientos, ventanas y ampliaciones visibles hoy pertenecen todos al diseño de 1958. Observa la orientación de los tejados, la anchura de las parcelas y la relación entre las fachadas y la calle.
Las casas pequeñas registran tanto un logro de la política pública como sus limitaciones
La vivienda nacional respondió a las chabolas sin autorización y a la falta de alojamientos, pero su superficie y equipamientos resultaban insuficientes. Cuando crecían las familias se añadían habitaciones y cocinas, y las mejoras de agua, calefacción y baños modificaban la forma inicial. Si toda transformación se interpreta únicamente como daño patrimonial, desaparece el esfuerzo de los residentes por conseguir una vida mejor dentro de esas casas.
Distingue las casas convertidas en negocios turísticos de aquellas donde todavía vive gente
Algunas viviendas antiguas pasaron a albergar cafés, talleres artesanales, salas de exposición o pequeños museos; otras continúan habitadas. Una casa sin letrero y con la puerta cerrada no es una instalación turística. No mires por las ventanas ni te detengas ante la entrada para tomar fotografías. La visita adquiere mayor profundidad cuando el pueblo de los murales se lee también como escenario de la política residencial de la posguerra y no solo como una galería de arte público.