Al norte de lo que hoy es Jeongeup, en un pico antes llamado Mangjebong, se dice que había una piedra a la que una mujer subía cada día. Su esposo había salido a comerciar y no regresaba; temiendo que le ocurriera algo malo en el camino oscuro de vuelta, ella subía cada noche a esa piedra para vigilar el sendero por el que él volvería. Esa preocupación se convirtió en palabras, y esas palabras sobrevivieron como Jeongeupsa, la única canción de la época Baekje cuya letra completa se conserva hasta hoy, preservada en el compendio musical del siglo XV llamado Akhak gwebeom.
¿Cómo puede la preocupación privada de una sola persona sobrevivir a un reino entero? Lo que hace notable a Jeongeupsa es precisamente eso: no es una canción sobre reyes ni guerras, sino sobre la vigilia privada de una mujer sin nombre, y esa vigilia ha sobrevivido más tiempo que el país en el que ella vivió. Baekje ya no existe. Su espera, sí.