Gyeonggyojang es la casa blanca de estilo occidental que permanece entre edificios hospitalarios. El empresario minero Choi Chang-hak encargó la residencia, llamada originalmente Jukcheomjang. El nombre actual se consolidó después de que Kim Gu y miembros del Gobierno Provisional de la República de Corea la utilizaran tras la liberación. No era una sede oficial proporcionada por un Estado ya establecido, sino una mansión privada puesta a disposición de la actividad política.
El Gobierno Provisional volvió, pero no fue reconocido de inmediato como gobierno soberano
En 1945, Kim Gu y otros dirigentes del Gobierno Provisional —formado durante la ocupación y establecido durante años en China— tuvieron que regresar en calidad de particulares. En Gyeonggyojang recibieron visitantes, publicaron declaraciones y debatieron la construcción del Estado posterior a la liberación. Detrás de las multitudes de bienvenida estaban la administración militar estadounidense, la creciente división entre izquierda y derecha, la controversia sobre la tutela internacional y el riesgo de una partición permanente.
Kim Gu se opuso a un gobierno exclusivo del sur e impulsó negociaciones entre Norte y Sur
Kim Gu viajó a Pionyang en 1948 para intentar impedir la fundación de un gobierno limitado al sur y buscar una administración unificada. Su decisión y sus consecuencias continúan siendo objeto de debate, pero Gyeonggyojang fue el lugar donde preparó esa orientación y mantuvo encuentros políticos. La casa debe leerse no solo como memorial de un héroe de la independencia, sino como espacio que muestra las severas limitaciones y decisiones difíciles de la época.
El tiroteo del 26 de junio de 1949 transformó el significado del edificio
Kim Gu murió tras recibir disparos en su despacho de Gyeonggyojang por parte del oficial del ejército Ahn Doo-hee. La casa se utilizó después como instalación diplomática extranjera y parte de un hospital; su interior fue alterado antes de la restauración. Las huellas de bala y el dormitorio no deberían convertirse en atracciones sensacionalistas. También remiten a preguntas históricas no resueltas sobre la responsabilidad y el contexto político del asesinato.